sábado, 5 de julio de 2008

Movimiento estudiantil: un nuevo grupo de presión

La huella de la palma de mi mano es, ante todo, un símbolo de mi individualidad. Con esa huella reivindico mi condición singular e irrepetible; sintetizo en una imagen sencilla y poderosa todo aquello que me hace valioso y merecedor de respeto. Con ella digo: “¡Aquí estoy! ¡Esta es mi marca!".
Roberto A. Casanova R.
[1]

Algunos afirman que a ellos se deben los resultados del 2D
Movimiento estudiantil: un nuevo grupo de presión
Las universidades encontraron sus aulas vacías. Los alumnos no estaban ahí. Habían salido a las calles para inspirar a aquellos que habían perdido la esperanza. Pintaron sus manos de blanco para cambiar un destino incierto

ADRIANA K. MORALES ROA
El movimiento estudiantil surgió una mañana en la que Venezuela despertaba con la noticia de la ejecución de los hermanos Faddoul. El país entero se volcó en un completo repudio, pero fueron los estudiantes quienes tomaron la parte activa, que se tradujo en una serie de acciones de protesta que se prenderían como el fuego en la gasolina. El país estaba indignado. Nadie podía creer que esos abominables asesinatos habían tenido lugar.
Ese día, las puertas de la Universidad Católica Andrés Bello estaban cerradas. Los alumnos que escucharon la noticia por la radio decidieron detenerse. Alguien por ahí confesó que algunos carros llegaron a frenar desde antes y a subir el volumen a ver si escuchaban bien.
Otro más decidió estacionarse en la puerta de la universidad y bajarse de su carro para gritar “basta”. Llegaron más carros que también se detuvieron. “Tenemos que hacer algo”. Más gente fue llegando a la convocatoria. Esto no podía quedarse así. El país debía sumarse en el repudio. La muerte de tres niños no era justificable, bajo ningún concepto. Los estudiantes se agarraban la cabeza. Otros lloraban. Algunos marcaban nerviosos sus teléfonos celulares.
De repente ahí estaban todos. La universidad estaba afuera: en la calle. Debían hacer sentir sus voces. Un joven de Economía gritó “esto es culpa del gobierno, esto puede pasarnos a todos”. Más y más carros llegaban. Los vigilantes trataron de hablar y de persuadir a la masa, pero nadie estaba dispuesto a entrar a la universidad.
La verdadera lección estaba ahí afuera. Los estudiantes no escucharían ésta vez “a los grandes”: ellos les oirán ahora. La UCAB amaneció de pie, para no arrodillarse jamás.
Los hermanos Faddoul habían sido secuestrados hacía unos meses atrás, pero la sociedad venezolana no estaba dispuesta a rendirse ante la idea de que ellos nunca volverían a casa.
En los días siguientes el país se encontraba inmerso en una serie de protestas que sacudirían la forma en que se conocía la sociedad venezolana, que a partir de ese momento, se negaría a hacerse ajeno a otras situaciones de peligro social.
Esa mañana nacía el movimiento estudiantil para quedarse como un nuevo grupo de presión dentro de la sociedad venezolana.
Ahora bien, cuando se repasa el concepto sobre participación ciudadana, tendría que identificarse como “cualquier tipo de acción realizada por un individuo o grupo con la finalidad de incidir de una u otra manera en los asuntos públicos”[2]. De ésta manera puede decirse que el movimiento estudiantil desde su nacimiento, ha sido una expresión más de dicha participación.
La expresión del derecho a manifestar, se recoge en la constitución nacional, en su artículo número 62 que dice que “la participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la generación de las condiciones más favorables para su práctica”[3].
Posteriormente, el movimiento estudiantil volvió a surgir durante los días previos al cierre – sí, cierre – de Radio Caracas Televisión, y al surgimiento de una propuesta de reforma a nuestra carta magna.
En ambos escenarios, el movimiento liderado por los estudiantes de las diferentes casas de estudio del país, se dedicó a la lucha en pro del derecho que se estaba poniendo en juego: la libertad de expresión.
Varias podrían ser las lecturas que se pueden hacer a los logros del movimiento: ser los héroes nacionales, los causantes de la derrota de Chávez el 2D, los cachorritos del imperio y de la oposición oligárquica, entre otros.
Sea cual sea la visión que se tenga de los logros del movimiento estudiantil, es innegable que su aparición dentro de la sociedad venezolana, se tradujo en la aparición de un nuevo grupo de presión con gran poder de convocatoria.
Durante dichas situaciones coyunturales, los estudiantes lucharon por mantenerse de forma pacífica dentro de los márgenes de la ley con algunas protestas que – Gracias a Dios – no sirvieron para aumentar la fama del gobierno venezolano de estar inclinado hacia el margen de la represión.
Avanzando en la teoría, se dice que existen algunas dificultades en cuanto al proceso de participación ciudadana. De acuerdo con los conceptos, se podrían citar algunos límites dentro de dicha actividad: aumenta la lentitud en la toma de decisiones y con ello también los costos, no incorpora valor añadido a la decisión, provoca excesos de particularismos, sólo tiene en cuenta el corto plazo, erosiona instituciones y partidos.
Éste es un tema que puede resultar un tanto delicado a quienes militan dentro del movimiento, pero es necesario aclarar que siempre dentro de las manifestaciones, algunos estudiantes solían no querer participar, o lo hacían inconstantemente – y más de una vez inconscientemente al desconocer el destino o los objetivos de algunas marchas –, a veces participaban los mismos de siempre, o se buscaban algunos protagonismos.
Resultaba casi doloroso también ver cómo algunos estudiantes se aprovechaban de la situación para no ir a clase, viajar, irse a la playa, o simplemente, tener más tiempo para estudiar para tal o cual parcial.
Pero, hubo un gran número de estudiantes que decidió tomar la voz de mando con respecto a una campaña que buscaría hacer que el pueblo se instruyera sobre el contenido que estaba detrás de la reforma que se estaba planificando hacer a la constitución nacional.
Esta fue – a mi manera de verlo – la iniciativa que consagró a los estudiantes como un grupo fresco pero firme, irreverente, pero determinado a seguir con lo que se les pusiera adelante.
Los estudiantes diseñaron panfletos y toda clase de formas escritas para poder informar a la colectividad sobre los verdaderos alcances de una reforma que buscaba extender los tentáculos del gobierno nacional hacia nuevas zonas como la propiedad privada o la reelección indefinida.
Este nuevo grupo de presión surgiría como la artillería pesada de aquellos cuyos intereses iban en contra de los planes personalistas del Presidente y de su equipo de gobierno.
Por otra parte, y como era de esperarse, el gobierno nacional se dedicó a poner trabas a las manifestaciones estudiantiles que buscaban, como objetivo principal, educar a una población que permanecía a todas luces ignorante con respecto a las propuestas hechas dentro del texto de reforma.
Entonces, y como parte del problema político de la participación, se cita dicho concepto como “una distribución, transferencia o creación masiva de Poder. Por ello, a mayor deseo de controlar el Poder, menor apertura hacia la Participación. O mayor intento de controlar la Participación”.[4]
El gobierno buscaba amedrentar con estrategias tan pequeñas como no otorgar algún permiso para que la marcha se llevaría a cabo por tal ruta – recordemos aquella que se quiso lanzar a la cota mil en vez de la ruta primeramente establecida –, como con el uso de la fuerza – recordando los equipos antimotines y las miles de arremetidas de la Guardia Nacional en contra del movimiento.
A pesar de los muchos percances que podrían citarse con respecto a la participación, como la participación como un fin en sí misma, el voluntarismo excesivo, la poca capacidad para procesar información, la poca atención y respuesta particular, y la inadecuada atención de audiencias clave, se puede decir que el movimiento estudiantil se interpuso ante cualquier eventualidad que se presentaba para no dejarse arrastrar por alguna estrategia de la oposición que buscaba tratarlo como un títere, ni dejaba menoscabarse por el gobierno que jugaba con el futuro de Venezuela.
La superación de los puntos tratados anteriormente, se logró gracias a la comunicación planificada que se destinó a “evitar o disminuir los problemas típicos de las comunicaciones en procesos participativos”[5].
“En definitiva, la huella que deja una mano pintada de blanco resume la visión de un mundo deseable. Un mundo sin exclusiones, en el cual toda persona sea reconocida en su dignidad, en el que estemos dispuestos a convivir pacíficamente, en el cual nadie posea el poder para dominar a nadie, en el que la decencia ciudadana sea la norma. Esta es la utopía de una sociedad de verdaderos ciudadanos, de una nación de hombres y mujeres con oportunidades para elegir, de un pueblo libre. La huella que deja una mano pintada de blanco es, sin duda alguna, mucho más que un logo”.[6]
[1] http://chavilarism.blogspot.com/
[2] Láminas de clase cargadas en la plataforma Módulo7, por el Prof. Luis Alejandro Ordoñez.
[3] Láminas de clase cargadas en la plataforma Módulo7, por el Prof. Luis Alejandro Ordoñez.
[4] Láminas de clase cargadas en la plataforma Módulo7, por el Prof. Luis Alejandro Ordoñez.
[5] Láminas de clase cargadas en la plataforma Módulo7, por el Prof. Luis Alejandro Ordoñez.
[6] http://chavilarism.blogspot.com/

1 comentario:

Elías dijo...

Hola está muy bonito tu blog y tu foto. Llegué aqui buscando algunas imágenes de lo se conoce -además de movimiento estudiantil - como "los manos blancas".

Estoy por proyectar un documental llamado "Día del Estudiante" y pienso colocar una refencia a tu blog.

El blog que yo administro es http://aldeafraypedrodeagreda.wordpress.com


Saludos.

Elías Cisneros.